Habiba y su hija Alma

La Asociación Canaria Pro Lactancia Materna, ACPLM, se une a la campaña por HABIBA y su hija ALMA. No nos vamos a repetir con todo el alegato sobre los beneficios de la Lactancia Materna, pues de todos es ya sabido, queremos desde estas líneas unirnos a todas esas personas anónimas o no que están luchando por unos de los derechos fundamentales de la madre y del bebé como es la NO SEPARACIÓN.  Las recomendaciones de la OMS que dice que Lactancia Materna debe ser en exclusiva hasta los 6 meses y acompañada de otros alimentos hasta los 2 años o más. Según la OMS  y UNICEF, a partir de los dos primeros años la lactancia materna debería mantenerse hasta que el niño o la madre decidan, sin que exista ningún límite de tiempo. La Asociación Españolade Pediatría (AEP) por su parte, reconoce que el patrón de duración de lactancia en los humanos hasta hace menos de 100 años, y todavía hoy en sociedades no contaminadas por la civilización predominante, ha sido de 3 a 4 años con variaciones entre el año y los 7 o más años. Y advierte de las consecuencias negativas tanto para la madre como para el niño por un DESTETE ABRUPTO. El destete debe ser hecho con  delicadeza y tomándose el tiempo necesario por ambas partes.

 Por todos es sabido el movimiento que desde hace ya mas de 15 días se está gestando, no solo en España si no que ya traspasa fronteras, de quejas y denuncias al IMMF para que sea devuelta la hija a su madre. A través de cartas, escritos y manifestaciones se está pidiendo por justicia para Habiba y para Alma. Les adjuntamos el blog donde pueden encontrar informaciones, direcciones a donde dirigir sus escritos y todo tipo de acciones que se están tomando. Y aprovechamos desde aquí a IBONE OLZA por su implicación directa en este caso y hacernos llegar información puntual y directa. GRACIAS IBONE: http://todossomoshabiba.blogspot.com/

Les dejo  con un par de cartas que consideremos de relevante interés:

EXTRACTOS CARTA IBONE OLZA – Psiquiatra infantil y perinatal: …Me gustaría comentarte algunos detalles sobre el caso, con el fin de que sirvan para mejorar la atención a esta menor. Como os expresé telefónicamente tras haber valorado a la madre detenidamente llegué a la conclusión de que esta mujer no presenta ningún trastorno psiquiátrico ni consume tóxicos. En mi opinión se trata de una mujer muy capaz, entrañable y que en el momento actual está sufriendo enormemente al verse separada de su niña de forma abrupta.
Lo que quiero transmitir es mi enorme preocupación por la menor. Se como psiquiatra infantil que para una niña de quince meses verse separada de su madre de forma brusca, trasladada de centro y sin ningún adulto familiar supone un daño importante que puede tener secuelas psíquicas si no se repara lo antes posible. En este sentido quiero citar a John Bowlby, el psiquiatra infantil británico que elaboró toda la teoría del apego, actualmente aceptada por toda la comunidad científica internacional y validada por infinidad de investigaciones. En su libro dedicado a los efectos de la separación materna en los niños más pequeños dice Bowlby: “Siempre que un niño pequeño que ha tenido oportunidad de desarrollar un vínculo de afecto hacia una figura materna se ve separado de ella contra su voluntad, da muestras de zozobra, y si por añadidura se lo coloca en un ambiente extraño y se lo pone al cuidado de una serie de figuras extrañas, esa sensación de zozobra suele tornarse intensa. El modo en que el chiquillo se comporta sigue una secuencia característica. Al principio protesta vigorosamente, y trata de recuperar a su madre por todos los medios posibles. Luego parece desesperar de la posibilidad de recuperarla pero, no obstante, sigue preocupado y vigila su posible retorno. Posteriormente parece perder el interés por la madre y nace en él un desapego emocional”. “Los niños pequeños sufren trastornos incluso en circunstancias de separaciones muy breves” Todas estas afirmaciones las publicó en 1973. Ahora, casi cuarenta años más tarde, la neurobiología del apego demuestra que la separación de la madre a edad temprana se traduce en alteraciones neuroanatómicas que pueden perdurar de por vida y ser la base de trastornos mentales. Durante los dos primeros años de vida el apego modela el desarrollo cerebral, especialmente del lado derecho, y un estrés grande como el de la separación forzada además de un sufrimiento inmediato para la criatura puede dejar secuelas de por vida.
Creo que el sufrimiento de esta menor debe de ser muy significativo, máxime cuando hasta la fecha no se había separado de su madre por más de unas horas. La madre me explicó que su hija no estaba apegada a ningún objeto en particular. Todo esto, el que no se hubieran separado hasta la fecha y el que no tenga un objeto transicional, es indicador de un buen vínculo con la madre, y no lo contrario. De continuarse la separación la niña puede ver su confianza en el mundo truncada y presentar síntomas en un futuro como ansiedad de separación, incontinencia de esfínteres, tartamudeo, inhibición u otras patologías que podrán variar según la edad. Por todo ello de cara a finalizar ese sufrimiento y evitar las secuelas es urgente que la separación finalice inmediatamente.
Me habéis informado de que la madre parecía ofrecer el pecho por cosas como el llanto o que la niña se hubiese dado un golpe, de forma emocional y no nutritiva, o incluso caótica. En este sentido quiero insistir que precisamente esto es lo que recomendamos a todas las madres en la actualidad los profesionales sanitarios. Tanto la Asociación Española de Pediatría como UNICEF recomiendan la lactancia materna durante un mínimo de dos años, e insisten en que la lactancia debe de ser a demanda, es decir, cada vez que el lactante lo pida o que la madre desee darselo.
Desde la Consejería de Sanidad de la Comunidad de Madrid se ha realizado un esfuerzo magnifico en los últimos años por formar a todos los profesionales sanitarios en la importancia de la no separación madre-bebe, en los cuidados centrados en la familia y en promover y apoyar la lactancia materna. De ahí mi extrañeza ante lo que ha sucedido en este caso. Mi deseo es que los profesionales de los servicios sociales de Madrid que trabajan con infancia y lactantes puedan recibir la misma formación y apliquen las mismas recomendaciones basadas en la evidencia científica. La propia madre no puede entender como es posible que su pediatra le animara a seguir amamantando a su niña todo el tiempo posible mientras que en la residencia se le insistiera en que suprimiera la lactancia.
Desde hospitales públicos como el 12 de Octubre se han puesto en marcha iniciativas como el banco de leche, que permite la donación de leche materna para niños prematuros, enfermos que no tienen madre o cuya madre no puede dar leche propia. Igualmente tienen un servicio de voluntariado para garantizar que los bebés abandonados puedan beneficiarse del método canguro que supone un contacto piel con piel bebé-adulto. Sería muy bueno que pudieseis conocer dichas experiencias e incluso iniciar proyectos de formación y colaboración conjuntos para unificar criterios.
Confío en que se permita a madre e hija reunirse lo antes posible, es decir, hoy mismo, y que todos podamos aprender y mejorar nuestra atención a madres y familias después de este caso. Quedo a disposición vuestra y del IMMF para colaborar en todo lo posible como psiquiatra infantil que soy. Remito copia de esta carta a la gerencia del IMMF, con la confianza de que mi opinión profesional sirva para disminuir las posibles secuelas de esta niña ingresada en vuestro centro.
Atentamente, Dra Ibone Olza Psiquiatra Infanto-juvenil. Mas info: http://todossomoshabiba.blogspot.com/p/ibone-olza.html

CARTA CARLOS GONZÁLEZ – Pediatra: Tengo en mis manos el libro La crianza del niño. Lecciones de puericultura, del Dr. Enrique Suñer Ordóñez, publicado en San Sebastián en 1939. El Dr. Suñer había fundado en 1923 la Escuela Nacional de Puericultura, y tras el triunfo de Franco fue de nuevo director de esa institución y del Consejo General de Colegios Oficiales de Médicos de España.

En su libro, entre muestras «de recuerdo, admiración y cariño a S. E. el Jefe del Estado, a nuestro Generalísimo», propone separar de sus madres a los hijos de las viudas de guerra «rojas» para darlos en adpción a familias «nacionales» o ingresarlos en instituciones:

[…] destacar la conducta que es menester seguir con aquellos niños de nuestros enemigos de hoy; de los huérfanos de padres que dentro de nuestro territorio recibirán seguramente de sus madres la inoculación de un rencor tan profundo como inextinguible. […]
¿Deberemos dejar todas estas almas infantiles y juveniles en contacto íntimo con la fuente del veneno causante del odio?
Claro que no. […] Este odio hay que borrarlo; este veneno es menester a todo trance neutralizarlo con el único antídoto que puede hacerlo inactivo: con el empleo de una profunda caridad encomendada a nuestras mujeres, las de nuestra España, las que albergan nuestros sentimientos. Un esfuerzo inmenso pide la Patria a nuestras familias. Este esfuerzo es el de la adopción en los propios hogares a ser posible, en los establecimientos en donde se vigilen a los alojados desvalidos, como madrinas o madrecitas, prestándoles afectos, asistencia y cuidados como a los hijos propios.
La adopción de estos hijos del enemigo que nos odia será la única manera de combatir el gran problema nacional que nos amenaza en la post-guerra.
 
Lo que otras dictaduras hicieron de forma clandestina, el secuestro sistemático de los niños de la oposición, en España se hizo a la luz y se puso por escrito.
Tal vez fue así como entró en nuestro sistema de atención a la infancia la idea de que ciertas madres son peligrosas para sus hijos, no porque les vayan a maltratar, sino simplemente porque les van a educar mal. La idea de que ciertos niños estarían mejor en una «buena familia», o incluso en una institución, que con sus madres. Una vez establecida, esa idea se puede aplicar a otros casos, y servir de justificación moral para otras actitudes.
En ningún momento ha habido una condena, una ruptura, una solución de continuidad en nuestro sistema de atención a la infancia. Treinta años después, los mismos que tras la guerra habían secuestrado hijos de «rojos», u otros profesionales más jóvenes, discípulos o subordinados de los anteriores, secuestraban a otros niños para darlos en adopción. No eran monstruos, simplemente se creían en posesión de un conocimiento superior y de un derecho superior. Ellos «sabían» que algunos niños, especialmente hijos de mujeres pobres o de madres adolescentes o solteras, iban a ser desgraciados; y por tanto «podían» separarlos de sus madres para buscarles una buena familia. Eso necesitó la complicidad o el silencio de cientos o miles de profesionales, que difícilmente hubieran podido conciliar el sueño cada noche si no hubieran sido capaces de convencerse a sí mismos de que estaban justificados, de que todo era por el bien del niño.
Y de nuevo, treinta años después, esos mismos profesionales u otros más jóvenes que han sido sus discipulos y sus subordinados siguen separando a los niños de sus madres, sin escrúpulos, sin vacilaciones, sin remordimientos. Porque siguen creyendo que los niños están mejor lejos de sus madres.
El caso de Habiba no es ni mucho menos único. Los he visto con mis propios ojos, he hablado con sus abogados, compañeros pediatras me han explicado su frustración cuando una madre de escasos recursos rechaza la idea de ir a solicitar una ayuda a los servicios sociales «no, allí es donde nos quitan a los niños». En internet encontrará relatos de madres y de hijos:
El problema es que nuestra legislación permite a las instituciones de atención a la infancia llevarse a los niños sin obtener primero la orden de un juez. Tienen potestad absoluta, y luego son los padres los que deben, en todo caso, acudir a los jueces para pedir que les devuelvan a sus hijos, lo que ha ocurrido muchas veces, pero siempre demasiado tarde y cuando los niños ya han sufrido graves daños psicológicos.
Véase por ejemplo la Guía Básica de la Dirección General de Atención a la Infancia y a la Adolescencia de la Generalitat de Cataluña:
En la página 13 se explica la diferencia entre «menor maltratado» y «menor desamparado»; en este último caso «se aprecia cualquier forma de incumplimiento o de ejercicio inadecuado de los deberes de protección establecidos por las leyes en la guardia de los menores o faltan a éstos los elementos básicos para el desarrollo integral de su personalidad».
La situación de desamparo se declara mediante «resolución motivada del organismo competente de la Administración […] Se notifica a las partes afectadas y al Ministerio Fiscal para que se garanticen los derechos de los afectados».
«La declaración de desamparo comporta la asunción automática de las funciones tutelares sobre el menor por parte del organismo competente (DGAIA). Implica la suspensión de la potestad del padre y de la madre o de la tutela ordinaria durante el tiempo de aplicación de la medida. La DGAIA puede delegar la guardia del menor que ha tutelado».
Es decir: son los funcionarios los que declaran el desamparo, por motivos tan inconcretos como «cualquier forma de ejercicio inadecuado»; no tienen que pedir autorización al Ministerio Fiscal para hacerlo, sino sólo informarle después de haberlo hecho, y pueden quedarse al niño o pasárselo a quien ellos quieran.
No estamos hablando de proteger a un menor porque ha sufrido malos tratos. Basta con que detecten lo que ellos llaman una «situación de riesgo». Ya hablar de un «riesgo de malos tratos» daría escalofríos. ¿Se imagina que se pudiera detener a alguien que nunca en su vida ha robado un banco porque existe «un riesgo de que robe un banco»? Si estuviésemos hablando de un riesgo de malos tratos, sería el único caso en que, como en las películas de ciencia ficción, se puede castigar a un futuro delincuente antes de que cometa el delito. Pero es que ni siquiera se trata de eso. No hace falta sospechar o temer malos tratos ni ningún otro delito. El «riesgo» es un riesgo genérico e indefinido, no se sabe de qué, tal vez de que el niño sea «malcriado», o no se «socialice» adecuadamente, o vaya a saber de qué. Riesgos que, de materializarse, no constituirían un delito.
¿Y a quién le pasan las instituciones el niño así «amparado»? Pues habitualmente a un centro privado concertado que cobra por menor y al que interesa, como a los hoteles, conseguir la máxima ocupación posible. Sólo que el centro de menores cobra mucho más que un hotel.
Aquí pueden ver una estadística sobre más de 8000 niños «protegidos»:
El 47,6% se protegen en su propia familia. El 18,3%, en una familia ajena, en acogimiento o adopción. El 34%, 2.785 menores, en centros de asistencia.
Pero los costes son muy distintos, según el informe de junio de 2009 del Síndic de Greuges, el defensor del pueblo catalán:
Como puede ver en la página 236, la administración gasta 1.275 euros al año por cada niño acogido en la propia familia, 2.597 euros al año por cada niño acogido en su familia extensa, 3.129 euros por cada niño dado en acogimiento o adopción, ¡y entre 30.000 y 40.000 euros al año por cada niño internado, según el tipo de centro!
Saldría mucho más barato dar una ayuda económica a las familias sin recursos que quitarles a los niños. Pero nuestro sistema desconfía de las familias, sobre todo de las familias pobres, y prefiere gastarse el dinero en centros controlados por profesionales.

CARTA DE J.LINAZA –  Catedrático de psicología evolutiva y de la educación
Universidad Autónoma de Madrid: Miles de personas reclaman impotentes en la red que alguien ponga freno a este disparate y devuelvan su madre a una niña de 15 meses a quien el Instituto Madrileño del Menor y la Familia (IMMF) ha condenado a ser separada de ella. No es difícil imaginar las consecuencias que tal decisión está teniendo en una criatura para quien no existe nada más importante en el mundo que su madre. Alimentada al pecho desde que nació, y con un profundo apego hacia ella, parece que alguien ha decidido castigar a su madre separándola de ella.

Una institución creada para proteger a la infancia desprotegida ¿puede convertirse en maltratadora ella misma? Sería muy grave.

No resulta descartable que la causa directa de de tal decisión esté motivada por un pulso de poder de algunos técnicos del IMMF con la joven madre. Sería lamentable que algo así haya llevado al IMMF a tomar una decisión tan profundamente injusta y dañina para la niña y para su madre: separarlas e internar a la niña en una residencia infantil en Madrid.

No hace falta ser madre, ni psicólogo, para imaginar el infierno en el que han sumido a esta pequeña: su llanto de desesperación podía escucharse desde la calle.
Y, efectivamente, en esa misma residencia debe haber todo un conjunto de pautas y procedimientos para lograr la adaptación paulatina de los bebés que pasan en ella solamente unas horas al día, como en cualquier Escuela Infantil. La separación es un proceso doloroso para muchos niños que no pueden entender que es sólo temporal.

¿Qué delito ha cometido esta niña para que bruscamente la separen de su madre, modifiquen todas sus pautas de vida, incluida la lengua en la que le hablan, y la internen en un mundo desconocido y extraño? Psicólogos y psiquiatras vienen insistiendo, dese mitad del siglo pasado, en la importancia de este vínculo afectivo y en los riesgos que supone para todo el desarrollo posterior su ausencia o su interrupción.

Si algo se concluye de toda esta increíble historia es que la niña tiene una profunda vinculación con su madre y que Habiba, en medio de circunstancias muy adversas, ha demostrado querer a su hija y saber criarla, establecer una profunda relación de afecto con ella. El IMMF tiene un informe de una psiquiatra infantil en el que se hace constar este hecho. ¿En qué ha basado la drástica medida de arrebatar a la niña de su madre?

No parece posible que hayan sido juicios de valor sobre lo que significa alimentarla al pecho, sobre las normas de urbanidad a la hora de comer (en muchas culturas se come con la mano y no con cubiertos), sobre la adecuación de la ropa a la climatología. Mucho más increíble sería que se tratara de un castigo a la madre (amenazada con que le quitarían a su hija) por su actitud rebelde, o sus disputas con otras mujeres en la institución en la que ambas, madre e hija, se encontraban.

Escucho a alguien decir que la joven madre hasta se ha permitido “amenazar” a quienes le están causando tantísimo daño. Efectivamente, Habiba despotrica, amenaza, insulta,… se desespera. Y luego, a esas mismas personas que percibe cono carceleras de su hija, las sonríe y ¡suplica que cuiden de su hija! Pero qué es lo que no haría una madre desesperada, tratando de recuperar a la hija que le han arrebatado? ¿Podemos imaginar la reacción de cualquiera de nosotros ante una situación similar, en la que en un país extranjero nos quitaran a nuestra hija de 15 meses? Y que por toda explicación nos digan que no sabemos criarla, cuando no hemos hecho otra cosa que amarla, alimentarla, protegerla, desde que nació?

Alguien debe poner freno a esta disparatada medida que está causando un daño de difícil reparación en un bebé de 15 meses.

Seguro que hay razones y procedimientos que explican (pero nunca justifican) el sufrimiento a que se están siendo sometidas dos personas indefensas. En este caso, a los miles de personas que nos manifestamos donde podemos, nos parece que no está prevaleciendo el interés del menor que garantizan nuestras leyes.

Anuncios
Esta entrada fue publicada en Lactancia materna. Guarda el enlace permanente.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s